El uso de las copas como trofeo se remonta al pasado pero también se asocia al éxito y es probable que esa sea la razón principal por la que se mantiene para este fin.  Pese a que durante la Santa Comunión se usaban para beber agua o vino, el de los trofeos es similar al de la copa universitaria con ojo de buey de dos asas que se diseñó durante el siglo XVII.

En la antigua Grecia y Roma el premio incluía un preciado aceite de oliva que se le daba a ganadores de concursos o eventos deportivos y se guardaba –y posteriormente se entregaba- en forma natural en un florero o taza.

No hay un origen exacto pero entre las historias existentes se menciona que entre 1703 y 1781 la iglesia metodista, como parte de los primeros rituales organizaba las llamadas “fiestas de amor” que eran reuniones comunitarias que incluían una simple comida de pan y agua. De esas organizaciones surgió la “Copa del Amor” que se otorgaba para que el agua pudiera pasar fácilmente de una persona a otra.

Las asas y la tradición de pasar la copa coincide con el concepto de un trofeo en forma de copa que se usa en la actualidad.

Los más importantes incluye al Trofeo Urna de Cenizas, una réplica de material cristalino que simula la urna original que contenía el envase de terracota de cuatro pulgadas con las cenizas de Sir William Clarke, presidente del Melbourne Cricket Club cuando lo llevaron a Australia. Se entrega justo para esta disciplina deportiva.

También de la América’s Cup que se originó en New York para premiar a los ganadores del evento de regata de vela que estaban organizando. Se convirtió en el trofeo que es ahora cuando a mitad de la era de 1800, Henry Williams Paget produjo el que se usa para las regatas organizadas alrededor de la Isla de Wight.

Finalmente se incluye el trofeo Wimbledon, el más antiguo y prestigioso para los tenistas. Se mantiene como uno de los de mayor estatus.